09 Junio 2013

Mi barrio en Vallecas

Publicado en Ocio y Cultura

LOS RELATOS DE LOLA MONTALVO, ESCRITORA VALLECANA

Lola Montalvo / Especial para Vallecasweb
En esos años, al barrio de Vallecas donde viví durante mi niñez, San Claudio, no se le llamaba como hoy es más que conocido. En ese tiempo recibía el nombre de Colonia de Los Álamos, situado en el Alto del Arenal. Mi padre, que no era madrileño pero que se crió en Vallecas, muy cerca del Campo del Rayo, me contaba que, donde vivíamos nosotros, cuando él era adolescente iba con sus amigos a... a robar melones, que era un campo enorme de cultivo y sin nada de nada. Mis disculpas por los desmanes raterillos de mi padre...

Cuando yo era pequeña, las calles en la Colonia de los Álamos no estaban asfaltadas y casi no tenían aceras; cuando llovía, aparte de ríos de agua y barro que convertían en un auténtico riesgo para la propia vida cruzar de lado a lado, se nos quedaban los zapatos pegados entre los charcos como si un maligno ser deseara succionarnos. Aún no habían construido la Avenida de Pablo Neruda y la Avenida de la Albufera, lejos de ser la vía transitada de tres carriles por sentido que es hoy, apenas era una carretera de segunda con una vía o dos por sentido. No existía el parquecito que tenemos justo al lado de la parada del autobús ni las arboledas que rodean al barrio ni las rampas y escaleras que facilitan el acceso hasta la avenida. No. En esos años mi colonia, mi barrio, estaba situado en medio de un campo..., sí, un campo, campo. No era extraño cruzarse al pasar a pastores con rebaños de ovejas o cabras y verlos sentarse a fumarse un pitillo o a tomar un trago de la bota o a sacar la tartera de metal y aviarse las viandas a la hora del almuerzo.

La basura la recogía un señor que venía en un carro tirado por una mula; recuerdo que el hombre llevaba gorra de plato gris. Las mujeres, que sabían a la hora que solía aparecer o que se veían avisadas por las vecinas, le esperaban a la puerta de sus portales con los cubos rebosantes de desperdicios que él iba cogiendo de uno en uno y volcándolos en el cajón del carro. En ese rato, nuestras madres conversaban entre ellas contándose el desarrollo del día o el asunto candente del barrio.

Mi barrio, Los Álamos, estaba rodeado de campo, un campo abandonado y silvestre lleno de amapolas, jaramagos y yerbas de diverso pelaje, benignas unas o severamente peligrosas otras, como los cardos borriqueros y las ortigas. Las lagartijas y salamanquesas menudeaban haciéndose hueco o beneficiándose de las hormigas, cochinillas —esos bichillos que se convertían en bolitas cuando los tocabas—, zapateros, cortapichas —bicho al que nos encantaba darle su no científico nombre, en lugar del de tijereta, por aquello de palabrotear un poco sin que tu madre te diera una colleja—..., en definitiva, un sinfín de insectos que poblaban el salvaje campo vallecano. Una de nuestras diversiones era hacer fogatas en las que más de un accidente penoso llegué a sufrir o jugar a los mercados utilizando las hierbas, piedras, palos, trozos de ladrillo... a modo de patatas, espárragos, tomates, lechugas... y pagando con piedrecitas de diferentes tamaños.

Como mi barrio estaba rodeado de terraplenes y barrancos, sobre todo más allá del barrio del Sardinero, donde ahora está Rafael Alberti, el Centro de Salud de Federica Montseny y Miguel Hernández, otra de nuestras diversiones era lanzarnos por una pendiente con cartones gruesos —lo que resultaba al final mala idea porque se desgastaba fácilmente con el roce— o con los restos de frisos de plástico que alguien tiraba a la basura en el meneo de una obra.

Edificios de la Colonia de El Sardinero, en Puente de Vallecas. (Foto: H. RECIO / Vallecasweb)Edificios de la Colonia de El Sardinero, en Puente de Vallecas. (Foto: H. RECIO / Vallecasweb)

Entonces, una vez les quitábamos las puntillas y clavos, se convertían en el mejor medio de deslizamiento que nadie había conocido jamás; no digo lo muy cotizados que estaban cuando alguno de nosotros encontraba uno. Esta especie de descenso terrestre, era muy divertido, pero no dejaba de tener cierto riesgo, como se pueden imaginar, dado que más de una vez terminábamos rodando por el terraplén con el cartón roto o sin friso, frenando con las posaderas y acabando con la ropa desgarrada o la ropa interior hecha añicos, como en mi caso me sucedió más de una ocasión, en las que mi madre terminaba de batirme el cuero en aquellos lugares en los que las piedras, las ramas y los pinchos no me habían hecho ya suficiente mella en el orgullo. Todo debido a la malsana manía que tenía nuestras madres de ponernos falda a las niñas...

Sí, nuestras diversiones no eran muy modosas, más bien eran todo lo contrario: agrestes, brutas, aventureras, peligrosas en muchos casos. Una de las veces que me lancé corriendo por uno de los terraplenes más suaves, uno que había justo enfrente de la Parroquia de los Álamos, que daba a un alto llano donde se celebraba con una hoguera la Noche de San Juan, me caí de mala manera y aterricé, como se diría de forma coloquial, de morros, es decir, arrastré mi cara por un tramo de piedras y arena. Me arañé toda la frente, la nariz, las dos mejillas y la barbilla. Mi madre sin dejar de reñirme, me lavó, me curó y me puso mercromina, el antiséptico que marcaba los duelos de nuestras aventuras por aquellos años, y se pueden imaginar el resultado. Ese rostro de niña tiznado de rojo, más las trenzas que mi madre me hacía para que los pelos no me comieran la cara, según ella, me hizo pasar unas semana de auténtica tortura por las chanzas de mis vecinos coetáneos, que lo más dulce que me dedicaban era bicho salvaje, haciendo emerger mi rabia hasta límites nunca antes conocidos en mi corta vida. Ya si les digo que llevaba gafas de pasta, el conjunto es casi inimaginable. O sí...

En esos años, a diferencia de lo que sucede ahora, los niños y niñas jugábamos en la calle con toda libertad de movimientos. En mi casa éramos cuatro hermanos, yo la tercera; mi madre se preocupaba lo justo cuando abría el toril de mi hogar para dejarnos corretear por ahí. Cuando salíamos a la calle ordenaba a mi hermano mayor que se ocupara de nosotros tres que le seguíamos obedientes. Una vez en la calle había segregación. Él se iba por ahí con sus amigos, mi otro hermano mayor hacía lo propio con los suyos y yo me veía obligada a tomar a mi hermana pequeña de la mano y cargar con ella allá donde se me ocurriera ir. Cuando llegaba la hora de recogerse, mi madre se asomaba por la terracita de la cocina, gritaba a pleno pulmón aquello de «Vamos, a casaaaaa…» Y eso mismo hacían todas las madres del barrio; poco a poco, cada mochuelo regresaba a su olivo. Nosotros cuatro subíamos corriendo la escalera como si nunca nos hubiéramos separado.

Nuestros juegos eran, en definitiva, casi todos en la calle, con otros niños y niñas. Salías a la calle y siempre había alguien con quien jugar. O te acercabas a un bloque y llamabas al amigo a gritos, que se asomaba mientras respondía «¡ya bajoooo!». Era raro aburrirse o jugar solo. Resultaba muy divertido jugar al balón prisionero, al escondite, a dólar, a churro-media manga-manga entera, a la pita, al pañuelo, al rescate, al escondite inglés, al látigo... en los que, por regla general, si eras intrépida y te atrevías a todo, no se distinguía entre chicas y chicos, aunque luego, por supuesto, existían entretenimientos más sexistas como las chapas, la peonza, el fútbol, guerra a pedradas, las canicas, guerra a postazos..., por un lado y la goma, la cuerda, las muñecas o recortables, el corro, el zapato, la botella, la lima —pincho metálico que se clavaba en diversas cuadrículas de un suelo moderadamente húmedo—, las tiendas..., por otro. Nos divertíamos con acciones que hoy se podrían considerar poco menos que salvajes como cazar lagartijas y mutilarlas con saña a ver qué pasaba o cazar moscas, quitarles cruelmente un ala y ponerlas cerca de un hormiguero, a ver qué pasaba... también.

Lola Montalvo junto a una vieja placa de la calle de San Claudio. (Fotos: LMC y H. RECIO / Vallecasweb)Lola Montalvo en la actualidad; a la derecha una vieja placa de la calle de San Claudio. (Fotos: LMC y H. RECIO / Vallecasweb)

Mi barrio era, como se pueden imaginar los que no han tenido la suerte de conocerlo en esos años, como un pequeño pueblo, inserto en medio de una ciudad. Todos los vecinos se conocían, todos sabían quién eras tú y quienes tus padres y, lo peor, donde vivías... peligroso dato en los tiempos en los que el teléfono sólo lo tenían unos cuantos y que lanzaba a un adulto furioso a contarle a tu madre la trastada que habías perpetrado y que se consumaba con un castigo sin juicio posible ni defensa que, casi siempre, consistía en que no salías a la calle durante uno, dos o tres días, nunca más, porque no había madre que aguantara a un becerro infantil más tiempo en casa.

Pero no se vayan a pensar que éramos poco menos que salvajes; éramos niños y niñas con un corazón inmenso que recogíamos animales heridos, gatos, perros y pajarillos y los llevábamos a mi casa para que mi madre los curara mientras todos observábamos sin perder detalle; éramos niños que ayudábamos a nuestras madres a subir la compra a casa o que hacíamos recados a las tiendas o que ayudábamos a la señora mayor del portal a subir sus bolsas. Éramos niños que respetábamos la hora de la siesta en verano y no salíamos hasta que daban las seis de la tarde, porque ese tiempo de reposo era sagrado, aún sin venir recogido en código de convivencia alguno. Éramos niños y niñas que respetábamos a los mayores, que les llamábamos de usted, que pedíamos permiso para hablar, que no interrumpíamos a los mayores cuando conversaban entre ellos...

Fue una época bonita que ahora miro con cierta añoranza, algo que nunca creí que me iba a suceder, dadas las enormes ganas que tenía de crecer y hacerme mayor... y marcharme. Ahora entiendo que tuve mucha suerte porque disfruté de una enorme libertad que hoy mis hijos y los hijos de mis amigos nunca tendrán. Mi barrio era un magnífico lugar para vivir y hoy, ya adulta, ya mayor, lo echo de menos y lo recuerdo con enorme cariño. Mi barrio, ese lugar lleno de buena gente, en su mayoría; todos humildes y trabajadores.

Conocimos miserias y desgracias en primera persona, no se nos tapó ni escondió nunca el lado feo de la vida, porque lo teníamos delante de las narices. Pero eso nos ayudó a ser más responsables y más conscientes, quizá, de lo que era ese mundo en el que ya estábamos inmersos. Yo creo que eso nos hizo más fuertes.

Mi barrio, ahora que lo recuerdo de forma detenida y detallada, era, es el mejor barrio que nadie pueda conocer. Seguiré paseando por él, por sus calles, por sus tiendas, de la mano de sus vecinos. Me recordaré con mi bici corriendo veloz por la cuesta del Sardinero, mi cabello como loco persiguiéndome a duras penas, seguiré vagando con mis hermanos y mis recuerdos ayudada por mis escritos, con mis relatos. ¿Queréis acompañarme?

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Desde Vallecasweb queremos agradecer a Lola Montalvo el entusiasmo con el que acogió nuestra propuesta de escribir este microrrelato con sus recuerdos de infancia en Vallecas, situados a principios de los años setenta del pasado siglo. Gracias por conseguir que muchos lectores se hayan sentido identificadosemocionados con tus recuerdos, porque a buen seguro serán también los suyos.

(*) En la imagen que abre este relato, local de la antigua Parroquia de Nuestra Señora de los Álamos. (Foto: H. RECIO / Vallecasweb)


Lola Montalvo Carcelén © Todos los derechos reservados.
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MÁS INFORMACIÓN
Lola Montalvo. Escritora.

OBRAS
"Relatos" (desde 2002 hasta hoy, que sigo)
"A ambos lados" (2008)
"A través del pasado" (2009)
"Sanatio" (2009)

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Comentarios (32)

  • Francisco Almeda

    Francisco Almeda

    09 Junio 2013 a las 21:58 |
    Bueno, como no se data en fechas, viéndo la foto de la escritora, calculo que debe tener 90 años, ella, no lo que cuenta. Es lo que tiene los ácidos mal digeridos, así no construimos.
    • Lola Montalvo

      Lola Montalvo

      11 Junio 2013 a las 17:19 |
      Hola, Francisco: nací en 1967 y mi infancia en mi barrio se desarrolló que yo recuerde, desde más o menos 1971. Ojalá tuviera yo este aspecto con 90 años... ¡¡¡firmo donde sea ahora mismo lo que sea que no sea ni pecado ni ilegal!!!
  • Gonzalo

    Gonzalo

    10 Junio 2013 a las 13:36 |
    Qué recuerdos... se podrían trasladar a cualquier barrio de Madrid de aquella época, incluso de España, chicos y chicas que nos educamos en el respeto, en los valores y en el sacrificio, chicos y chicas que hoy, ya adultos, los llevamos marcados a fuego en nuestros corazones.

    Enhorabuena Lola, como siempre, lo bordas y llegas, donde otros se quedan a mitad de camino.
    • Lola Montalvo

      Lola Montalvo

      11 Junio 2013 a las 17:25 |
      Hola Gonzalo, gracias por acompañarme también en este camino...
      Besos miles
  • Ribasca

    Ribasca

    10 Junio 2013 a las 14:27 |
    Nadie como tú, Lola, para contar historias. Y si son de verdad como esta, mucho mejor.

    Un beso.
  • Begoña

    Begoña

    11 Junio 2013 a las 12:58 |
    Cuando alguien habla de sus recuerdos, desde el corazón, siempre es bonito y no porque cualquier tiempo pasado fuera mejor sino porque se habla de ellos con amor y de esta forma hace que el lector alce la mirada y también evoque aquello que pasóhace algún tiempo y que pone una sonrisa en tu cara.
    Muchísimas gracias, Lola, por compartirlo con nosotros
  • Lola Montalvo

    Lola Montalvo

    11 Junio 2013 a las 17:48 |
    Bego, tú sabes bien que para mí ningún tiempo pasado fue mejor. Pero he descubierto, gracias a este proyecto, que mis recuerdos me llenan de emoción... aparte de que parece que hice bastantes travesuras y yo me creía buenecita!!!
    Los años contigo, en la universidad, creo que sí fueron los mejores. Besos miles, amiga!!!
  • asce

    asce

    11 Junio 2013 a las 21:29 |
    Lola me ha encantado leer este relato , se nota el cariño que le has puesto. Ya sabes q me gusta mucho todo lo que escribes. Estoy esperando otra novela. Besos y Abrazos
    • Lola Montalvo

      Lola Montalvo

      12 Junio 2013 a las 06:10 |
      Ascen, querida amiga. Sí, lo dices bien, le he puesto mucho cariño.
      ...ya, ya casi termino la cuarta. Serás de las primeras en saberlo, no lo dudes!!
      Besos miles
  • Aurelio Molina Guio

    Aurelio Molina Guio

    11 Junio 2013 a las 22:05 |
    Lola se de antemano que lo que dices aunque no te conozco que es verdad, pues cuando lo estaba leyendo estaba recordando parte de mi vida cuando era niño, pero yo vivia en el pueblo de Vallecas hace 65 años cuando desde el Alto del Arenal al Pueblo de Vallecas solo existia la Fabrica Vazquez. Lo mas curioso que los mismos juegos que tu relatas se transmitian años tras años pero mi PREGUNTA a partir de que año se perdieron nuestras raices y por que se perdieron juegos de toda la vida que unian a los pueblos y que hoy nos convertimos en extraños. Bueno saludos me ha gustado tu narracion, me gustaria contarte algunas cosas mas adios
    • Lola Montalvo

      Lola Montalvo

      12 Junio 2013 a las 06:13 |
      Aurelio, yo tampoco sé lo que ha pasado. El caso es que los niños ya no juegan como antes en las calle, por lo menos en las ciudades. Mis hijos no lo hacen. Ellos han leído el texto y les llama la atención el juego de churro, el de dolar y tantos otros. Nosotros sabíamos jugar porque los niños mayores nos enseñaban y nosotros enseñábamos a otros pequeños... pero en las calles del barrio.
      Aurelio, si quieres comentarme algo más, pincha en mi nombre de este mensaje. Te llevará a mi blog y ahí puedes ponerte en contacto conmigo.
      Un abrazo y muchas gracias, por leer y por comentar.
  • Gonzalo Benito

    Gonzalo Benito

    22 Junio 2013 a las 15:28 |
    Bonito relato, como vallekano adoptivo tu relato se me vendrá a la memoria estos próximos días al pasear por las calles de este nuestro barrio.
    Por cierto, el último párrafo es sublíme
    • Lola Montalvo

      Lola Montalvo

      01 Julio 2013 a las 18:24 |
      Muchas gracias por tus palabras, Gonzalo. Espero que los siguientes te gusten también.
  • jose luis lopez delgado

    jose luis lopez delgado

    07 Noviembre 2013 a las 10:29 |
    Hola Lola, tengo que agradecerte el rato que he pasado leyéndo las historias de nuestro barrio. No sabia quien eras pero como tu bien dices que en el barrio nos conocíamos todos cuando he leído tus apellidos me a venido como un reflejo a la cabeza y me he puesto a recordar el colegio Agustina Diez Yo era compi de tu hermano que me parece recordar que se llama Julian que por cierto era un portento de estudiante y mi hermano fue compañero de tu otro hermano mayor. Por ultimo yo vivía en tu calle en el n. 60 al otro lado de la calle frente a la peluqueria
  • Lola Montalvo

    Lola Montalvo

    07 Noviembre 2013 a las 17:53 |
    Jose Luis, seguro que mis hermanos se acuerdan de vosotros y yo también, si te viera.
    Recuerdo esa peluquería claro que sí...
    Me ha dado mucha alegría comprobar que mis vecinos más cercanos leéis lo que escribo y que os sentís identificados con lo que cuento. Tengo muy buenos recuerdos y los llevo en el corazón.
    Mi madre sigue viviendo en la calle.
    Nuestro barrio, es un gran barrio, ¿verdad?
    En breve escribiré sobre nuestro colegio, el Agustina Diez, cuando era un algo no tan bueno como ahora.
    Muchísimas gracias por leer, por comentar. Besos miles
  • esther

    esther

    02 Marzo 2014 a las 20:30 |
    Hola Lola. El otro día ya comenté tu entrada... ¿? Yo he vivido en el barrio desde 1965, en el 116, enfrente del bar Córdoba y sus magníficas palmeras, la droguería del señor Manolo... hasta 1996 en que me he trasladado a Palomeras - Javier de Miguel.
    Me ha gustado tu relato, pero una puntualización: la hoguera era por Pascua de Resurrección y no por San Juan, festividad no permitida en la España de la dictadura...
    Y la cuesta del Sardinero.. mejor que los frisos eran las tapas de water... Buen trineo de ciudad!!!
    • Rober

      Rober

      03 Junio 2015 a las 07:51 |
      El Sr. Manolo, padre de Doña Milagros, profesora en el colegio Los Álamos hasta que lo cerraron, qué recuerdos...
  • Jesus

    Jesus

    26 Mayo 2014 a las 13:30 |
    Hola Lola, se me han caido dos lagrimones, naci en el 70 y he vivido toda mi vida en el barrio, todo lo que cuentas me es familiar, juegos como la lima que solo lo debiamos llamar así en El Sardinero, porque nadie que conozca conoce ese juego, los frisos que también usabamos para hacer pistas para coches (el hot wheels de los 70). A mi también me da mucha añoranza esa epoca.
    Un regalo, a ver si conoces esa foto:
    https://efectofundador.files.wordpress.com/2013/09/zona-del-metro-de-miguel-hernacc81ndez-el-cruce-de-las-calles-rafael-alberti-con-san-claudio.jpg
  • luis daniel ballesteros

    luis daniel ballesteros

    23 Junio 2014 a las 11:57 |
    Que recuerdos y que bien esta en recordad o encontrad los recuerdos de mi barrio del mismo que comentáis de la colonia de los álamos yo fui precisamente al colegio que estaba al lado de la parroquia entre los años de 1969 asta 1979
    Por desgracia y motivos familiares tuve que abandonar el barrio en el año 1980 pero lo llevare en el corazón y desde luego me gustaría saber que fue de mis antiguos compañeros del colegio
    Muchas gracias Lola Montalvo por hacerme recordar
    • juan jose tenorio

      juan jose tenorio

      11 Septiembre 2014 a las 17:04 |
      hola gracias por tu relato me ha hecho casi llorar
      luis yo tambien estuve esos años en ese colegio yo venia del colg la alhambra con el profesor paco
  • Lola

    Lola

    13 Octubre 2014 a las 18:21 |
    Sí, lo recuerdo, eran los poblados, como lo llamaba mi madre, con casas bajas y donde se decía que había túneles que conectaban con Moratalaz y muchos niños se habían perdido dentro...
    Muchas gracias... y perdon por la tardanza!
    • francisco

      francisco

      28 Noviembre 2014 a las 12:08 |
      Era la fabrica de ladrillo, ese mi paso para ir al colegio de Nuestra Señora de la Asunción, pasaba por las casas bajas que se ven en la foto. Había una fuente donde bebía agua, toda la gente de las casas bajas se transladaron al barrio de Fontarron.
      Yo vivía en San Claudio 113 antes 50, no se si recordáis la bodega de becerra, el toledano, el frutos secos, la mercería.

      Seguro que nos conoceremos algunos.
      Un Saludo fuerte
    • francisco

      francisco

      28 Noviembre 2014 a las 12:10 |
      Se me olvidaba a mi se me conocía como Kiko, por si a alguien le suena.
  • francisco

    francisco

    28 Noviembre 2014 a las 12:15 |
    Yo conocí a unos que se apellidaban Montalvo que iban a mi colegio, eran 2 hermanas(mellizas o gemelas me suena) y un hermano y su padre tenia una panadería
  • Rober

    Rober

    03 Junio 2015 a las 07:36 |
    Buenos días Lola, yo también viví en los Álamos durante 25 años concretamente en el número 66 (antiguo 33), me veo reflejado en todo lo que dices, menos en las calles sin asfaltar (yo no las conocí). Me ha encantado tu relato y me has hecho recordar con nostalgia mi infancia. Nosotros también nos tirábamos por la cuesta de lo que son hoy los pisos de Pryconsa, estoy de acuerdo contigo en lo de los cartones, duraban muy poco, pero lo mejor para tirarse por la cuesta, no eran los frisos si no las puertas que algún vecino cambiaba, lo difícil era volver a subirlas, je, je.
  • Angeles

    Angeles

    14 Agosto 2015 a las 15:38 |
    Hola Lola!!!!!Me ha encantado lo que has escrito, he vuelto a recordar mi infancia con mas fuerza que nunca, mi colegio Nuestra Señora de la Asunción en la calle Monseni, los helados de hielo, el cine de verano, los bocadillos de De Torres. Esas navidades tan entrañables en el Puente de Vallecas con esas luces tan pobres pero tan entrañables, tienes razon, fueron unos años difíciles de olvidar por la cercanía que había entre las personas, las noches en la calle con los vecinos, las gallinejas en el bulevar, los primeros amores en el colegio de Gredos, el nacimiento que ponían todos los años en el Ayuntamiento de la Avenida debe la Albufera, como me gustaría volver a vivir por un minuto esa época, ojalaque mi nieto que acaba de nacer tuviese la suerte de vivir esa infancia, seguro que seria mejor persona, Mil gracias por el articulo, con personas como tu. el mundo saera un lugar mucho mas agradable. Una orgullosa de Vallecas
  • Angeles

    Angeles

    14 Agosto 2015 a las 15:42 |
    Yo vivía en la Calle Pico de Almanzor numero 2 enfrente del Colegio Ciudad de los Muchachos
  • paloma

    paloma

    03 Septiembre 2015 a las 10:53 |
    Hola Lola,
    Me ha encantado encontrar este relato navegando por internet. Buscando la historia del nombre del Valle del Kas, me he encontrado con esta historia que también es la mía. Que años mas bonitos, que infancia vivimos jugando en la calle y que grandes amigos hicimos y hemos mantenido a lo largo de los años. Si no pregúntaselo a tu hermano :)
  • Mauricio

    Mauricio

    31 Octubre 2015 a las 19:29 |
    Me encantan esos recuerdos, sobretodo habiendo compartido barrio y epoca con la narradora... Niños en la calle, llamadas a voces por la ventana, correrias y escondites, incluso vivimos la ampliación de Pablo Neruda.
    Y esos partidos de fútbol en medio de la calle interrumpidos de vez en cuando por la llegada de un seat 600 o un simca 1200 ... eran otros tiempos y otra forma de vivir, ni mejor ni peor, solo acorde con el momento. Lo que siempre seran maravillosos seran los recuerdos.
  • jose luis

    jose luis

    19 Marzo 2016 a las 11:40 |
    Hola Lola, Yo soy tres años mayor que tú, y me acuerdo del barrio tal cual lo cuentas y algunas cosas más.
    Fui al colegio con tu hermano Julian que era un cerebrito igual que tu hermano mayor. Me acuerdo de las guerras que se hacia en clase como pintaba los indios, los tanques, los helicopteros etc... Me alegra saber que hay gente como Tú que se acuerda de nuestro barrio.
    Yo vivia en el 60 justo a la otra punta de la calle.
  • Juan Carlos García

    Juan Carlos García

    25 Julio 2017 a las 11:30 |
    Yo vivía en San Claudio en el Nº 27 encima justo del Bar Torres, y todos esos relatos y recuerdos no hacen nada mas que retrotraerme a una especial infancia llena de recuerdos, amigos y demás aventuras. Yo iba al colegio Nuevos Horizontes en la Colonia Sandi y tenía que andar toda esa cuesta, donde nos tirábamos con los cintasoles de las obras, me acuerdo de una vieja furgoneta abandonada de color rojo justo encima de dicha cuesta. Todos mis amigos y vecinos iban al colegio Alhambra y Los Álamos, un fuerte abrazo para tod@s.

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