12 Octubre 2020

Las vaquerías, un capítulo fundamental de la historia de Vallecas

Publicado en Reportajes

Llegó a haber más de 1.200 vacas censadas en el municipio

Juan Jiménez Mancha | Vallecasweb
En las primeras décadas del siglo XX, el consumo de leche fresca cobró tanto auge en España que numerosas vaquerías ocuparon hasta el propio centro de ciudades como Madrid y Barcelona. Además, los mugidos de las vacas no sólo se esparcieron por el casco de las grandes urbes, sino que se erigieron en protagonistas de las calles de los pueblos de sus extrarradios, como ocurrió de manera notable en los barrios de Vallecas próximos al arroyo del Abroñigal, que surtían de leche a buena parte de la capital.

La leche no fue un producto habitual en los hogares corrientes españoles hasta finales del siglo XIX. En 1885 había sólo dos vaquerías en el pueblo de Vallecas, distante más de 7 km del centro de Madrid, pertenecientes a Eustaquio Loeches y a Pío Alonso, pero unos años después empezaron a surgir como setas multitud de establos en los barrios vallecanos próximos a la capital. Antes de la Guerra Civil existían en Vallecas cerca de cien vaquerías, con más de mil doscientas vacas censadas.

La expansión de la industria lechera en Vallecas fue muy rápida. En 1903 se fundó en Puente de Vallecas la Vaquería Holandesa, una de las más prósperas del sector hasta las postrimerías de la Guerra Civil, con tres establos en la calle Arroyo del Olivar nº 3. Pertenecía a los hermanos Ruiz. En 1928 poseía más de cincuenta vacas y disponía de enfermería, cámara de filtración y refrigeración, una adecuada red de desagües y azulejería blanca —signo de higiene— en las paredes. Producía más de 800 litros de leche diarios, que en parte se vendían en los despachos de la casa en la madrileña calle de Hortaleza números 14 y 16. También comercializaba piensos.



Numerosas vaquerías nacieron en los años diez y veinte en Entrevías, Barrio Obrero, Las Californias, La China y Doña Carlota, como las de Pedro Barroso, Antoñico Carrasco, Policarpo Diego Pelayo (muy popular, en el camino de Valderribas nº 6 y luego 10; de las primeras en tener teléfono), la tahona y vaquería de Pedro Gallego y Hermano (singular mezcla de productos básicos, con domicilio en Santa Ana nº 10 y Pablo Iglesias nº 4, actual calle de Puerto Alto) y las de Victoriano Grande, Vicente Hernández, Ángel Pando, Constantino Piqueras y Antonio Sancho.

En Puente de Vallecas, Erillas, Picazo y en la dehesa de Moratalaz (que hasta finales de los años cincuenta pertenecía a Vallecas), destacaban las de Mariano Álvaro, Josefina Aramburu, Venancia Bolaños, Tomás Chisvert, José Fernández, La Modelo, Francisco Folgueras, La Aragonesa, José González, Ambrosia Guerrero, Justo Gutiérrez Gato, Francisco López, Pedro Maroto, Tomás Pelayo, Rosa Ruiz, Manuel Sáez, Venancio Zancajo, Fernando San Juan, La Rinconada y la mencionada Vaquería Holandesa. Las cuatro mujeres propietarias citadas eran seguramente viudas.

Una de las vaquerías más grandes era La Encarnación, con 123 vacas en 1926 que producían más de 2.000 litros de leche diarios. Tenía sus establos en el número 55 de la actual avenida de la Albufera. Disponía de despacho en la madrileña calle del León, nº 11. Se anunciaba como proveedora de “los principales cafés y hoteles de Madrid”. A finales de los años veinte poseía 87 vacas holandesas “expuestas al público”.

Muchas vaquerías se publicitaban precedidas del calificativo “Gran” (Gran Vaquería de…). La mayoría tenían a sus vacas estabuladas y poseían menos de una decena o diez, doce o pocas reses más. Proporcionaban directamente la leche o a través de lecherías, ajenas o propias, cercanas. Era corriente que los establos estuviesen en las partes de atrás de las lecherías. La compra se hacía con recipientes de aluminio, llamados lecheras, que tenían varias capacidades. Una medida muy empleada era el cuartillo. Pese a vivir en establos, los animales solían ser sacados a pastar de manera generalizada a las inmediaciones del arroyo del Abroñigal, hoy M-30. Se valoraban los ordeños a la vista, que se realizaban dos o, en el mejor de los casos, tres veces diarias. La media de leche que daba una buena vaca estaba entre los 10 y los 15 litros diarios, o poco más. Había vaquerías que repartían el producto a domicilio. Algunas se especializaron en leche para niños y enfermos; otras en leche de cabra, que se consumía en menor proporción, y otras en leche de oveja, camello, yegua o búfala. Las había que ofrecían además otros alimentos lácteos, como mantequilla, queso, requesón o sobaos pasiegos

Reportaje sobre la Vaquería Holandesa, con domicilio en la calle Arroyo del Olivar. El Imparcial, 21 de junio de 1928. Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Reportaje sobre la Vaquería Holandesa, con domicilio en la calle Arroyo del Olivar. El Imparcial, 21 de junio de 1928. Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

Anuncio de la Gran Vaquería La Rinconada, que estaba casi en el arranque de la actual avenida de la Albufera. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Anuncio de la Gran Vaquería La Rinconada, que estaba casi en el arranque de la actual avenida de la Albufera. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

La mayoría de los dueños eran inmigrantes llegados del norte de la península, sobre todo de Cantabria, que trajeron al centro del país las vacas pasiega y frisona. La frisona era la raza reina en Europa, conocida también como holandesa, suiza o vaca Holstein. La más extendida en Vallecas era la raza pasiega, ya que los vaqueros procedían en su mayoría del Valle del Pas cántabro. Las vacas vallecanas eran algo más bajas de lo normal; predominaban las de color blanco y negro, pero también las había rubias, que se caracterizaban por dar una leche con más grasa, mejor para la producción de mantequilla.

Las vaquerías eran negocios familiares que pasaban de padres a hijos o, en los pocos casos que no era así, a otros familiares o paisanos del mismo pueblo. Aunque fue abrumador el predominio de nacidos en Cantabria, en concreto del Valle del Pas, algunos vaqueros procedían de Galicia, Asturias, País Vasco y de pueblos de Ávila y Segovia.

Se procuraba adquirir vacas preñadas y de tercer parto, para aprovechar los momentos de mayor acumule de leche. El número de partos era un dato fundamental para valorar la cantidad de leche que podían ofrecer. Resultaba habitual acudir a mercados de ganado para su compra. El principal era el de Torrelavega, y otros dos importantes eran los de Talavera de la Reina y Ávila. Hasta la Guerra Civil, las vacas las traían tratantes en ferrocarril desde la estación de Torrelavega hasta la madrileña Estación del Norte. Luego marchaban en paralelo al río Manzanares hasta llegar a las proximidades de la actual avenida de la Albufera. Allí pagaban una tasa a modo de peaje y se dispersaban por grupos en busca de sus nuevos establos. Tardaban unas 24 horas en viajar de Torrelavega a Vallecas. También la estación más cercana del Cerro de la Plata fue utilizada para el traslado de reses.

Vaquería de la familia San Juan. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Vaquería de la familia San Juan. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

En este anuncio de otra vaquería vallecana se publicitan los valorados ordeños a la vista. Guía práctica de Vallecas, 1936. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)En este anuncio de otra vaquería vallecana se publicitan los valorados ordeños a la vista. Guía práctica de Vallecas, 1936. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

Las vaquerías vallecanas tenían fama de ofrecer una leche de calidad. En parte, su prestigio se debía al buen nombre que había logrado el comercio vallecano en su conjunto, con la zona del Puente de Vallecas como una de las apreciadas por los madrileños para efectuar sus compras o disfrutar de sus bares y merenderos a un precio razonable. Pero es que, además, los vaqueros vallecanos cuidaban con celo el estado de sus vacas y de los establos. Encima apenas aguaban la leche, operación que estaba permitida, pero en pequeño porcentaje. Llegó a estipularse dos tipos de precios para el producto: el de la leche pura y el de la aguada más de lo normal.

Pese a todo, al igual que el resto del gremio en todo el país, las vaquerías vallecanas tuvieron que lidiar con el control cada vez más férreo de las autoridades y de los veterinarios. Bastantes establos españoles estaban sucios y trabajaban ajenos al cumplimiento de medidas higiénicas. Las vaquerías eran uno de los principales focos de enfermedades en las ciudades. La tuberculosis, la brucelosis y, sobre todo, la enfermedad de la lengua azul eran las más comunes. Cuando las vacas comenzaban a estar en muy mal estado, o eran ya mayores, se vendían al matadero.

En 1928 era tan elevada la oferta de leche en Madrid y sus alrededores que las explotaciones lácteas sufrieron una grave crisis debido a los excedentes. El incremento de vaquerías en Vallecas, sin embargo, no declinó. En el Archivo de Villa del Ayuntamiento de Madrid se conservan dos censos trimestrales de vaquerías y vacas de Vallecas de 1933, realizados por el Ayuntamiento de Vallecas para la inspección veterinaria. Existían entonces, entre el Puente y la Villa, 88 vaquerías, con un total de 1.122 vacas censadas. Bastantes poseían más de un establo. Las vías con más establecimientos eran la actual avenida de la Albufera, el Camino de Valderribas y las calles Libertad y Requena (Monte Igueldo y Monte Perdido en la actualidad), todas con al menos cinco vaquerías.

El 3 de diciembre de 1933, se produjo el asesinato de Tomás Mínguez de Pedro, presidente del Gremio de Vaqueros de Vallecas. Era dueño de la vaquería Saavedra, situada en la calle Pi y Margall, hoy Sierra Carbonera, nº 2. El suceso, que conmocionó a Vallecas y a los vaqueros de la capital, salió publicado en toda la prensa del país.

El importante gremio de vaquerías de Vallecas sufrió un duro golpe con el asesinato de su presidente durante la Segunda República. La Nación, 4 de diciembre de 1933. Hemeroteca Municipal de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

Durante la Segunda República, el ayuntamiento vallecano se valió de los establecimientos vaqueros para aliviar las carencias de las personas más necesitadas. Las dependencias municipales repartieron vales canjeables por leche a las familias con menos medios y a los niños peor alimentados. Luego estos vales eran guardados o anotados por las vaquerías, que periódicamente recuperaban el dinero en el Ayuntamiento. Durante la Guerra Civil, las vaquerías resultaron claves para luchar contra las dificultades nutricionales del pueblo vallecano.

La vaquería de José Cortina, origen del Pozo del Tío Raimundo
Algunas vaquerías están ligadas a los orígenes de importantes hitos del pasado de Vallecas. Este es el caso de la vaquería de José Cortina, considerada la primera construcción habitada en la historia del Pozo del Tío Raimundo. José Cortina Cortina, conocido en Vallecas como el señor Pepe, era un inmigrante asturiano nacido en 1903 en la aldea de Astorena, perteneciente al concejo de Tineo. Hacia 1925 se estableció en el Camino de Tomateros, en unos terrenos adquiridos a la Compañía Madrileña de Urbanización, y abrió una vaquería con la que surtiría de leche a vecinos del Puente de Vallecas.

Vivienda y vaquería del asturiano José Cortina en el Camino de los Tomateros, primeras construcciones en el Pozo del Tío Raimundo, en 1925. Imagen tomada del libro 'Llamarse barrio: El Pozo del Tío Raimundo, de 1986'. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Vivienda y vaquería del asturiano José Cortina en el Camino de los Tomateros, primeras construcciones en el Pozo del Tío Raimundo, en 1925. Imagen tomada del libro 'Llamarse barrio: El Pozo del Tío Raimundo', de 1986. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)


En los estudios sobre los orígenes del Pozo del Tío Raimundo, se estima que sólo el abrevadero del Tío Raimundo fue anterior en el tiempo a esta vaquería. José Cortina continuó con su negocio hasta mediados de los años cincuenta, aunque el establo siguió en pie hasta los años setenta.

El Rayo Vallecano y las vaquerías
También nos encontramos una vaquería en los primeros años de vida de otro pilar de la historia de Vallecas: el Rayo Vallecano. El club franjirrojo nació en la calle de Nuestra Señora del Carmen nº 28, conocida como calle del Carmen, hoy calle del Puerto de Monasterio nº 8, en el hogar de Prudencia Priego Borbolla, viuda de Julián Huerta. El lugar era pequeño y el club comenzó pronto a cambiar de sede, ubicándose en distintos números de la misma calle. En el nº 36 se encontraba la vaquería de Justo Gutiérrez Gato, que daba, al igual que el domicilio de Prudencia Priego, al campo de fútbol de Las Erillas, primer terreno de juego del conjunto franjirrojo en su historia, por eso el establo fue utilizado ocasionalmente para que se cambiasen los jugadores.

En los primeros años cincuenta, cuando el fútbol seguía siendo un deporte de amateurs, salvo en Primera y Segunda División, a una de las figuras rayistas le llamaban “El Lechero”. Se trataba de José Pérez Cobo, un excelente interior derecho que tenía una vaquería en la calle Lozano. Su cuñado era dueño de otra en el Camino de Valderribas.

En esta vaquería se llegaron a cambiar los primeros jugadores de la historia del Rayo Vallecano. Sólo una casa separaba al establo del hogar vallecano donde nació el club. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)En esta vaquería se llegaron a cambiar los primeros jugadores de la historia del Rayo Vallecano. Sólo una casa separaba al establo del hogar vallecano donde nació el club. Guía Descriptiva de Vallecas, 1929. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

A su vez, Manolo Peñalva, leyenda del Rayo Vallecano que comenzaba por aquellos años su carrera futbolística, trabajó para las vaquerías de Vallecas, junto a su hermano Ángel, también jugador rayista. El padre poseía un establecimiento de venta y distribución de alfalfa en el vecino barrio de Pacífico llamado Piensos Peñalva. Los hermanos repartían con un camión el alimento. Manolo Peñalva nunca dejó de recordar el elevado número de establos que existían en Vallecas tras la Guerra Civil, según su testimonio, con vaquerías que tenían más de cien animales.

Felipa Peñalva, hermana de Manolo y Ángel, recuerda cómo regentaba su padre, también llamado Manuel, el negocio. Traían la alfalfa en camiones del pueblo madrileño de Estremera del Tajo. La guardaban en dos almacenes que poseían, uno en la calle de Los Mesejos y otro en la avenida de la Ciudad de Barcelona. En verano recogían y vendían a las vaquerías alfalfa verde, y en invierno alfalfa seca, recibida por trenes de Gallur y de otros pueblos zaragozanos en la estación del Cerro de la Plata. Felipa rememora los numerosos establos que había en Vallecas, destacando las zonas de Doña Carlota, como las vaquerías de Fernandón, con el que tenían fluido trato, y de Mariona, y las de Monte Igueldo, donde evoca la vaquería de Vidal.

Manolo Peñalva, por su parte, contaba con frecuencia la insólita costumbre vaquera que tenía un compañero del Rayo, Severino Abascal Cobo, conocido como Sito. Los dos fueron jugadores claves en el primer ascenso del Rayo Vallecano a Segunda División, en 1956, mientras ambos trabajaban en el sector de las vaquerías, el primero suministrando alimento a las reses y el segundo ejerciendo de vaquero. Salvo dos jugadores que eran medio profesionales, el resto de la plantilla seguía siendo amateur. Sito trabajaba en una vaquería en la calle Melquiades Biencinto propiedad de unos familiares. Sus padres eran a su vez dueños de una vaquería en la calle Sanz Raso. Tras los encuentros finalizados en Vallecas, este infatigable centrocampista bajaba hasta el local de Melquiades Biencinto, se sentaba en un taburete, se arremangaba y ordeñaba las vacas para ir pasando lecheras a sus compañeros con el fin de reponer juntos energías.

Manuel Peñalva Usanos, leyenda del Rayo Vallecano, junto a su hermano Ángel. Son los dos jóvenes de pie en el centro de la foto. En un extremo, con sombrero y un pitillo en la boca, el padre de ambos, Manuel. Les rodean trabajadores de su negocio Piensos Peñalva. Imagen cedida por Felipa Peñalva Usanos. (© Foto: VALLECASWEB.COM)Manuel Peñalva Usanos, leyenda del Rayo Vallecano, junto a su hermano Ángel. Son los dos jóvenes de pie en el centro de la foto. En un extremo, con sombrero y un pitillo en la boca, el padre de ambos, Manuel. Les rodean trabajadores de su negocio Piensos Peñalva. Imagen cedida por Felipa Peñalva Usanos. (© Foto: VALLECASWEB.COM)

Severino Abascal Cobo, conocido como Sito, uno de los mejores jugadores de la historia del Rayo Vallecano, trabajaba en una vaquería en la calle Melquiades Biencinto propiedad de unos familiares. (© Foto: LA VOZ DEL PUENTE – BIBLIOTECA NACIONAL / Vallecasweb.com)Severino Abascal Cobo, conocido como Sito, uno de los mejores jugadores de la historia del Rayo Vallecano, trabajaba en una vaquería en la calle Melquiades Biencinto propiedad de unos familiares. (© Foto: LA VOZ DEL PUENTE – BIBLIOTECA NACIONAL / Vallecasweb.com)

Manuel Peñalva Usanos rodeado de Matías y Eugenio, dos de los trabajadores de la empresa familiar, junto al camión Ford Thames Trader con el que repartían alfalfa por las vaquerías de Vallecas y de Madrid. Imagen cedida por Felipa Peñalva Usanos. (© Foto: VALLECASWEB.COM)Manuel Peñalva Usanos a la derecha de la imagen con Matías y Eugenio, dos de los trabajadores de la empresa familiar, junto al camión Ford Thames Trader con el que repartían alfalfa por las vaquerías de Vallecas y de Madrid. Imagen cedida por Felipa Peñalva Usanos. (© Foto: VALLECASWEB.COM)


Más cercano en el tiempo, otro mito del Rayo, el delantero Potele, tenía unos tíos que eran dueños de una vaquería en Puente de Vallecas, por eso a los miembros de su familia les llamaban “Los Lecherín”. “Las vacas —contó el propio ariete franjiirro— estaban sueltas por lo que ahora es la M-30, por el arroyo Abroñigal, y subían y bajaban por ahí”. El padre de Potele trabajaba de carnicero en el matadero de Legazpi, como numerosos vallecanos.

La vaquería del colegio Tajamar
También en los orígenes del colegio Tajamar, enclavado en lo alto del Cerro del Tío Pío, hallamos una vaquería. Este centro educativo, propiedad del Opus Dei, tuvo su primer local, en 1958, en la colonia de las Erillas. El curso 1958-59 se ubicaba en la calle Eduardo Requenas, al tiempo que se trasladaba al Cerro del Tío Pío, ocupando una vaquería que llevaba varios años sin funcionar en la colonia de Irradiación, perteneciente a Doña Carlota. Esta vaquería fue el único local del colegio hasta 1961. Se encontraba rodeada de chabolas y cuevas habitadas que caracterizaron este paraje hasta principios de los años ochenta.

La vaquería tenía un establo con 68 pesebres (34 a cada lado) y varias construcciones anexas para graneros, pajares y cobertizos. Disponía de un patio interior que utilizarían los alumnos para los recreos, pronto acondicionado para uso deportivo gracias a la instalación de canastas de baloncesto y una red de voleibol. El fútbol se practicaba fuera del recinto. La vaquería y los graneros fueron transformados en aulas. Se lograron adecentar, además, cuatro espacios para despachos de los profesores, dirección e incluso biblioteca. Rodeaba al conjunto una tapia de ladrillo.

Vaquería de la colonia de Irradiación que el colegio Tajamar reformó para dar clases en Vallecas. Imagen recogida en la web www.tajamar.es. (© Foto: TAJAMAR / Vallecasweb.com)Vaquería de la colonia de Irradiación que el colegio Tajamar reformó para dar clases en Vallecas. Imagen recogida en la web www.tajamar.es. (© Foto: TAJAMAR / Vallecasweb.com)

En 1961, el colegio abrió dos pabellones prefabricados y la vaquería quedó sólo para los despachos. Los graneros continuaron siendo utilizados como aulas. Hasta 1964, la vaquería siguió funcionando como un local más del centro. A partir de ese año, se construyeron nuevos pabellones y el establo y sus recintos anexos fueron quedando como recuerdos vivos del colegio Tajamar.

Pervivencia tras la Guerra Civil
En la década de los cincuenta, anexionados los pueblos limítrofes, como Vallecas, a Madrid, existían en la capital cerca de 20.000 vacas, distribuidas en más de 800 vaquerías. De ellas, unas 600 eran al tiempo lecherías. La nueva oleada de fuertes movimientos migratorios incrementó notablemente la población e hizo que se multiplicase aún más el consumo de leche.

En Vallecas eran muy conocidas las vaquerías de Domingo Cobo, en la calle Ortuño nº 14; la de Rafael San Juan en Cardeñosa nº 5; las de Monte Igueldo, calle donde estaban La Tierruca, la de Buenaventura Diego (en el nº 53, años más tarde un videoclub), otra que había en el nº 89 (donde está ahora el Ahorramás) y una más que hacía esquina con la calle Teresa Maroto; y las repartidas en calles como Mendívil, Argente, Santa Julia, Doctor Lozano, María Encinas, la avenida de la Albufera o el camino de Valderribas. Otra muy popular era la del señor Roque en Entrevías, junto a la iglesia de San Carlos Borromeo, que tenía un enorme patio lleno de vacas.

Ir a por la leche seguía siendo una costumbre diaria. Era habitual que los vecinos, con frecuencia niños, acudiesen a hacerlo con botellas de cristal, como las de La Casera desde los años cincuenta. Aunque las vacas estaban estabuladas, los vaqueros las llevaban a pastar a la finca del El Porcal, próxima a Arganda, o a los terrenos lindantes con la fábrica de cervezas El Águila. Las vacas llegaban entonces a Vallecas sobre todo en camiones.

Algunas de las mejores vacas de Vallecas fueron exhibidas en la Feria del Campo de Madrid, un acontecimiento anual de gran arraigo popular que se celebró entre 1950 y 1975 en la Casa de Campo. Esta feria adquirió pronto prestigio en el terreno agropecuario y pasó a tener un carácter internacional. En la edición de 1956 acudieron desde el Puente de Vallecas cerca de 30 vacas, las consideradas mejores muestras vallecanas del momento. Partieron el domingo 10 de junio en una “original cabalgata”, como expresó el periódico La Voz del Puente, que circuló por la avenida Ciudad de Barcelona y por varias calles próximas al centro de Madrid hasta llegar a la feria, en la avenida de Portugal. Ese año se exhibieron en la muestra cerca de 200 vacas, incluidas las de Vallecas. Fueron paseadas por delante del público asistente y ordeñadas a la vista para repartir gratuitamente su apreciada leche.

Una vaquería en la colonia de Irradiación, en el barrio de Doña Carlota. Guía práctica de Vallecas, 1936. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Una vaquería en la colonia de Irradiación, en el barrio de Doña Carlota. Guía práctica de Vallecas, 1936. Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. Descargable en la web Memoria de Madrid. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

Manuel Ruiz en la calle Monte Igueldo junto a una de sus vacas antes de partir a la Feria del Campo de Madrid de 1956 para exhibirla y regalar leche. Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid, Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Cedida al archivo por Ana María Ruiz Cañas; cedido el uso para este artículo a Juan Jiménez Mancha en enero de 2017. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Manuel Ruiz en la calle Monte Igueldo junto a una de sus vacas antes de partir a la Feria del Campo de Madrid de 1956 para exhibirla y regalar leche. Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid, Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Cedida al archivo por Ana María Ruiz Cañas; cedido el uso para este artículo a Juan Jiménez Mancha en enero de 2017. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

Artículo sobre la marcha y exhibición de vacas vallecanas en la Feria del Campo de 1956. 'La Voz del Puente', 12 de junio de 1956. Biblioteca Nacional. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)Artículo sobre la marcha y exhibición de vacas vallecanas en la Feria del Campo de 1956. 'La Voz del Puente', 12 de junio de 1956. Biblioteca Nacional. (© Foto: J.J. MANCHA / Vallecasweb.com)

La comitiva la formaban reses que respondían a nombres conocidos entre el gremio vallecano, como Rubia, Capitana, Rebeca, Clavelina, Marquesa o aquella cuyo dueño fue entrevistado por el periódico vallecano, llamada Meruelo, que daba 18 litros de leche al día y comía entre 6 y 7 kg de pienso diarios en invierno y, en verano, 4 kg más 2 o 3 de alfalfa. Su propietario era Manuel Pérez Teja, con vaquería en la calle Doctor Sánchez nº 9.

Lenta desaparición
Un decreto publicado en diciembre de 1961, por el que se aprobaba el Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas, supuso el inicio de la obligación legal del cierre de las estabulaciones de ganado vacuno lechero en la ciudad de Madrid. Para la desaparición de las vaquerías se daba un plazo de 10 años, en concreto hasta marzo de 1972. Era el comienzo de lo que se denominó “Operación vaquerías”.

En agosto de 1963, la prensa se hizo eco de la venta de leche en mal estado en una vaquería de Vallecas, a consecuencia de la cual resultaron intoxicadas más de 500 personas, conducidas de manera urgente a la Casa de Socorro del Puente y a diversos hospitales de Madrid, no pocas en estado grave. Ocurrió en el establecimiento que poseía Mariano Casillas Herráiz y su hijo en la calle Hermanos Santos nº 171, semiesquina a Martínez de la Riva. Los dueños de la vaquería fueron detenidos.

A mediados de la década de los sesenta, muchas vaquerías madrileñas abandonaron la ciudad, pero apenas lo hicieron las localizadas en el extrarradio. Las autoridades sanitarias estaban poniendo mayor celo en el control de establos y de las leches, e incrementaron las sanciones en aquellos establecimientos que hacían caso omiso a la obligación de hervir el producto antes de venderlo, o que lo vendían adulterado. Era asidua la venta de leche excesivamente aguada. Numerosas vaquerías fueron obligadas de manera firme a llevar a pastar sus vacas al campo, fuera de la capital. Al tiempo, la leche pasteurizada comenzaba a consumirse más. La leche Clesa en botellas de cristal fue la primera en distribuirse en Vallecas.

Con un decreto publicado en agosto de 1964, se había establecido la obligación del consumo de leche pasterizada y envasada procedente de centrales lecheras con instalaciones higiénicas autorizadas. Sin embargo, las vaquerías siguieron prestando su servicio, generándose así una especie de “guerra de la leche”. En 1968 quedaban todavía 340 en Madrid, con 5.174 vacas, con Carabanchel, tal y como destacó la prensa, como distrito con mayor número, con 66 establecimientos. Al año siguiente seguían en pie más o menos la mitad de vaquerías. Para desesperación de las autoridades, en marzo de 1972, en el mes del periodo dado por ley para su extinción total de la ciudad, se constataba un pequeño incremento de vaquerías, con 229 negocios con 3.659 vacas.

Finalmente, a lo largo de lo que restaba de década de los setenta, los establos fueron desapareciendo de un modo definitivo del paisaje urbano. Pero no sin picaresca, ya que, como ocurrió en Vallecas, bastantes establecimientos se resistieron al cierre y fueron superando los registros de las autoridades gracias a la solidaridad del sector, ya que, conocedores de las fechas de inspección, los vaqueros movían las vacas a establos vecinos ajenos.

El famoso videoclub ubicado en la avenida de Monte Igueldo nº 53 fue anteriormente una vaquería. En la imagen, lo que en el pasado fueron los establos donde se alojaban las vacas. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)El famoso videoclub ubicado en la avenida de Monte Igueldo nº 53 fue anteriormente una vaquería. En la imagen, el lugar donde se encontraban los establos con las vacas. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

Algunas vaquerías vallecanas se trasladaron a la localidad próxima de Arganda, familiar para el gremio porque allí se encontraban la finca de El Porcal, a donde habían estado llevando a pastar a las vacas, y otras se mudaron a Colmenar de Oreja, zona de Campo Real y distintos pueblos del sureste de Madrid. Desde allí, continuaron suministrando leche durante un tiempo a Vallecas y a la capital.

La Tierruca y sus azulejos artísticos
La historia de las vaquerías en Vallecas nos ha dejado como legado un precioso ejemplo de arte en las calles. Se trata del exterior de la vaquería La Tierruca, abierta a principios del siglo XX en la avenida de Monte Igueldo, hoy nº 103, por Leoncio, del pueblo cántabro de Selaya, y su esposa Julia. Este local conserva en su fachada un conjunto mural de cerámica obra de uno de los grandes artistas en la materia, el cordobés Enrique Guijo Navarro. La vaquería hace esquina con la calle del Hachero, donde estaba la entrada a los establos. A Monte Igueldo daba la entrada a la lechería y a la vivienda de los dueños.

El conjunto consta de dos escenas pasiegas coronadas por el nombre del negocio y el gremio del que formaba parte. Una escena representa el ordeño de leche sobre el titular “Leche pura”, que era lo mejor que podía ofrecer una vaquería, y la otra el traslado del género en pequeñas lecheras sobre el pie “Se sirve a domicilio”, servicio que no todos los establos podían mantener. No sabemos cuándo Leoncio y Julia encargaron los azulejos a los talleres que Enrique Guijo poseía en la madrileña calle Mayor nº 80.

Una vecinas caminan frente al mural de la antigua vaquería La Tierruca, en la avenida de Monte Igueldo nº 103. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)Unas vecinas caminan frente al mural de la antigua vaquería La Tierruca, en la avenida de Monte Igueldo nº 103. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

Nacido en 1871 y trasladado a Madrid en 1898, Enrique Guijo fue el autor de la azulejería de los exteriores de la Librería de Bibliófilos de España (Travesía del Arenal), de la antigua huevería de la calle de San Vicente Ferrer nº 27 y de algunas escenas de la farmacia de los laboratorios Juanse junto a ella (ambos comercios en Malasaña), así como de los murales de la taberna Los Gabrieles (calle Echegaray), considerada la “Capilla Sixtina” del azulejo madrileño. En 1929 fue nombrado conservador del Museo Municipal de Madrid, hoy Museo de Historia del Ayuntamiento de Madrid, inaugurado ese año bajo la dirección de su amigo Manuel Machado en el antiguo Hospicio de Madrid. Guijo donó a esta institución su colección de cerámica. Cambió su residencia al museo por requerimiento del cargo. En aquellos años colaboró en el embellecimiento de las obras de tres edificios municipales madrileños: Casa de la Villa, Casa de Cisneros y Hemeroteca Municipal. Durante la Guerra Civil continuó residiendo en el Museo Municipal. Poco después del final de la guerra, moriría jubilado casi ciego y olvidado.

La Tierruca servía leche a domicilio, algo que no todas las vaquerías podían permitirse. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)La Tierruca servía leche a domicilio, algo que no todas las vaquerías podían permitirse. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

La puerta de acceso a la lechería, situada bajo el mural de cerámica, es ahora una ventana tras haberse convertido el local en una vivienda. Las vacas entraban a sus establos por el lateral de la calle Hachero. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)La puerta de acceso a la lechería, situada bajo el mural de cerámica, es ahora una ventana tras haberse convertido el local en una vivienda. Las vacas entraban a sus establos por el lateral de la calle de Hachero. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

Los azulejos de La Tierruca representan escenas pasiegas como el ordeño y el transporte de la leche. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)Los azulejos de La Tierruca representan escenas pasiegas como el ordeño y el transporte de la leche. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

El ceramista cordobés Enrique Guijo Navarro fue el autor del famoso mural de La Tierruca. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)El ceramista cordobés Enrique Guijo Navarro fue el autor del famoso mural de La Tierruca. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

En los años cincuenta, La Tierruca fue vendida al matrimonio formado por Pedro y Micaela, el primero también nacido en Selaya. Fallecido antes el marido, su mujer, Micaela, conocida como 'la señora Mica', se puso al frente del negocio y conservó los azulejos con mimo, lavándolos todos los días con especial cuidado con agua templada durante más de cincuenta años. En los años setenta, la vaquería, que también vendía vino, bollería y comestibles, se transformó en tienda de alimentación hasta su cierre en 2004. Luego fue reconvertida en vivienda. La puerta pasó a ser ventana, pero la cerámica de Guijo continuó intacta, mientras la señora Mica la seguía limpiando y conservando con el celo que requería.

Resulta incomprensible que las autoridades no ofrezcan a este conjunto la atención y difusión que merece. Estamos hablando de una de las muestras más valiosas de la historia del arte callejero madrileño, de uno de los conjuntos más originales del patrimonio histórico de Vallecas, símbolo de un tipo de comercio y de un modo de vida que no debemos olvidar.

(*) En la imagen que abre esta información, Vallecas conserva el famoso mural de La Tierruca como monumento a un pasado que no debe perderse. (© Foto: ANTONIO LUQUERO / Vallecasweb.com)

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Comentarios (15)

  • Nizet García

    Nizet García

    12 Octubre 2020 a las 14:39 |
    En la calle Manuel Maroto había 3, con vacas y todo.
  • Carmen Moreno Calderón

    Carmen Moreno Calderón

    12 Octubre 2020 a las 15:37 |
    En la calle Imagen iba yo con una lechera todas las tardes a comprarla y veía como ordeñaban a las vacas
  • José Luis

    José Luis

    12 Octubre 2020 a las 17:10 |
    Impresionado tras la lectura de este largo artículo. Incorpora tan amplia ilustración y documentación que hace fácil seguir, casi como si fuera una película la historia de las Vaquerías.
    Gracias Juan por éste, otro regalo tuyo, para reconstruir la memoria que se pierde. Estos regalos que nos haces, como la historia del Palacete de Villarosa, los Orígenes del Rayo Vallecano, Un cerro de ilusiones y tantos otros, son una magnífica contribución al acervo cultural, vallecano, madrileño y de otros barrios.
  • El Mesetario

    El Mesetario

    12 Octubre 2020 a las 20:02 |
    Recuerdo, allá por el año 67 más o menos, que había vacas en la Albufera... Mientras mi madre compraba en Radio Quer (hoy Hermanos Pérez) yo daba, a través de la reja, alfalfa que quedaba en el suelo a las vacas.
    Cuando le comenté esto al veterano de la tienda de electrodomésticos, dijo que era cuero y que había aún alguna anilla de sujeción de las vacas...
    También recuerdo el despacho de leche "David", en la calle Sanz Raso, un poco más abajo del colegio de La Estrella.
  • Mª Angeles del Río

    Mª Angeles del Río

    13 Octubre 2020 a las 07:24 |
    Por la zona de Pena Prieta, en Alfonso XIII algunas calles más había varias, me encantaba ir a por leche y ver a las vacas. Ahora lo pienso y casi parece un sueño. En pleno Madrid!
  • Angela Pedroche Rodríguez

    Angela Pedroche Rodríguez

    13 Octubre 2020 a las 07:27 |
    Con seis años iba desde la calle de los Requenas a Felisa Méndez a la vaquería a por leche recien ordeñada de una vaquita joven para mi hermana recien nacida. Guardo un recuerdo muy especial. La vida va muy rápida.
  • Caridad Moreno

    Caridad Moreno

    13 Octubre 2020 a las 07:30 |
    En Enrique Velasco había una con vacas y gallinas.
  • Lola Alarcón

    Lola Alarcón

    13 Octubre 2020 a las 07:36 |
    En Sierra Carbonera había otra.
  • Carlos Hervás

    Carlos Hervás

    13 Octubre 2020 a las 07:50 |
    En el Pozo había una.
  • FJaviernb

    FJaviernb

    13 Octubre 2020 a las 07:54 |
    Yo vivía la lado de esa vaquería en la C/ Hachero esquina Monte Igueldo, qué vida.
    • José m.

      José m.

      13 Octubre 2020 a las 12:32 |
      Pues yo nací y viví encima de ella.
      Siempre oliendo a vacas ????
  • Borja Sandoval

    Borja Sandoval

    13 Octubre 2020 a las 07:57 |
    Yo compraba leche algunas veces en tiendas como estas.
  • Rosa M.

    Rosa M.

    14 Octubre 2020 a las 13:26 |
    Ahí está toda mi infancia, GRACIAS!!!
  • Carlos de los Reyes Jiménez López

    Carlos de los Reyes Jiménez López

    14 Octubre 2020 a las 13:52 |
    En la avenida de San Diego había una junto al cine de verano "Veracruz".
  • Juan Ruiz Jimenez

    Juan Ruiz Jimenez

    27 Octubre 2020 a las 12:30 |
    En mi barrio como se decia habria cinco o seis vaquerias, esto fue por los años cincuenta y entre las calles de Merelles, Camino de Valderrivas, Maria Guerrero y los chavales de entonces tenemos que agradecer mucho a Julio, pues cuando paria una vaca nos daba los calostros. Nos duchabamos en la vaqueria pues no teniamos ni agua en las casas y nos quitaron mucha... gracias Julio donde estes. Bienve ,Tasio Pita, Serafin, muchos recuerdos.

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